Llevo viviendo en mi barrio, así a golpe de suma y recuerdos, treinta y tres años. La edad a la que murió Cristo, una paradoja quizá en mi caso pues son los mismos años que he padecido la cruz de vivir « al otro lado» de la ciudad, es decir, en Pilarica y con el paso a nivel de la vía dividiendo el pulso cotidiano de sus vecinos.
Lo cierto es que, a todo te acostumbras. Esa barrera física que se nos ha impuesto siempre con la vía del tren por estos pagos barriales de la zona Este, he de reconocer que ha sido incómoda y hasta poco práctica pero de tan cotidiana casi puedo afirmar que no concibo mis idas y venidas diarias sin el paso a nivel. Quizá por eso, cuándo supimos por aquí que nos iban a anular ese paso durante cinco años para dar seguridad y cobertura al soterramiento y el paso del AVE, a mí en particular y a mis convecinos casi de manera general, se nos vino la rutina en cierto modo abajo.
Es cierto que Pilarica tiene la particularidad de tener repartida su territorialidad y su vecindad en dos; una parte a un lado de la vía con salida al centro de la ciudad, y otra parte al otro lado con salida a las rondas. Esta singularidad, dependiendo de la movilidad necesaria en cada caso y en cada momento particular, supone utilizar el paso a nivel como el único soporte para cruzar « al otro lado», bien para ir al centro o bien para salir de la ciudad. La circunstancia agravante que solemos tener con ese paso a nivel dividiéndonos continuamente, es que rato sí y rato también, las barreras se cierran para dar paso al tren, algo que siempre resulta inoportuno y hasta desesperante si se va con el tiempo justo. Pero digamos que eso, en realidad, es nuestra sal y pimienta cotidiana y así esperábamos que fuera hasta que el soterramiento, nuestra histórica demanda y quimera, fuera una realidad.
La sorpresa por aquí ha sido que, el soterramiento, ese dulce caramelo que nunca hemos logrado mantener en la boca, nos lo han puesto esta vez como algo realizable a medio o largo plazo, según como se quiera ver, de cinco años.
El Adif ha considerado, a saber con qué criterio porque tampoco se han dado demasiadas explicaciones, que la mejor forma de llevar a cabo el soterramiento en la ciudad y el paso del AVE vía Venta de Baños, es cerrar durante cinco años el paso a nivel que sale de la Plaza Rafael Cano dirección Puente la Reina, un acceso y una vía que es precisamente la columna vertebral del barrio actualmente.
Les aseguro a tenor de lo que piensan mis vecinos y yo misma que en Pilarica nadie se opone a esas obras para el soterramiento y el paso del AVE, ni a que se tenga que anular el paso a nivel. Es de cajón que una cosa ha de traer consecuencia otra y que incluso durante un tiempo tengamos que soportar las inclemencias de esas obras con sus correspondientes cortes de circulación y desviaciones del tráfico. La coherencia se impone y por supuesto quienes suscribimos esta opinión somos sin ninguna duda los más interesados en que todo eso se haga realidad y por supuesto con garantías y seguridad, pero anticiparse tanto y someternos a un corte tan drástico cuándo además no se suelen respetar los plazos de ejecución de las nuevas infraestructuras en los tiempos establecidos, es castigar y condenar a una parte de la ciudad a una tremenda disgregación y marginación sin necesidad real para tanta premura.
En su día, si no recuerdo mal, la previsión era que para el 2007 la vía estaría soterrada. Justo cuándo tenían previsto que llegara el AVE a Valladolid. Vamos por el 2009 y, sí: el AVE ha llegado a Valladolid pero no pasa por debajo. ¿ Por qué creer ahora que esto va a ser una realidad en los tiempos marcados?.
La confianza necesita credibilidad y la credibilidad a su vez se alimenta de hechos anteriores. No es pues garante de que tales proyectos se vayan a ejecutar en tales tiempos a juzgar por anteriores credenciales, por tanto es inevitable pensar que podemos caer en la tontura de la precipitación y sufrir inconvenientes demasiado tiempo y sin necesidad.
Una cosa es el progreso, la evolución y como tal asumir las incomodidades que ello conlleva, y otra bien distinta es poner el remedio antes de la enfermedad.
Hoy por hoy, y por muy inoportuno, incómodo y desesperante que nos resulte, lo que comunica y cohesiona a Pilarica con la ciudad y consigo misma es su paso a nivel.
No pasan por ese paso 400 vehículos diarios como se apresura a justificar el Adif en su estudio, que por cierto no sé cómo y de qué manera realizaron esa medición, sino diez veces más, un goteo constante que no es ni mucho menos cuestión baladí a la hora de tomar ciertas decisiones. La decisión de cortar una vía de comunicación con un fluido de tráfico importante para su remodelación debe considerarse cuándo la ejecución de una obra es inminente, es decir, cuándo ya no quede más remedio y sólo haya que esperar a que se termine, pero además deben también crear alternativas y soluciones paralelas que den cobertura a las necesidades de movilidad que los vecinos tienen.
Creo, y es mi opinión como vecina de un barrio que, dicho sea aquí ya de paso, soporta con histórica paciencia demasiadas taras y mucho menosprecio por parte de la política municipal, que se han precipitado a la hora de tomar la decisión de anular nuestro paso a nivel. No han tenido en cuenta ni el pulso del barrio ni su movilidad. Tampoco su opinión. Se ha decidido de manera arbitraria, como se suelen decidir aquellas cosas que se pretenden hacer con nocturnidad y a saco, guste o no guste y pese a quien pese.
Por aquí, y mientras no exista afán de actuar con coherencia, insistiremos en decir que no queremos vivir divididos cinco años. Que a nadie extrañe pues que Pilarica insista, se una y se manifieste. Que a nadie extrañe que Pilarica insista en querer « existir» sin que nada absolutamente la divida.
Sabemos que todo supone un esfuerzo y un sacrificio. El paso a nivel de Pilarica se cerrará. Se anulará, efectivamente. Es un deseo que todos alimentamos por aquí, pero lo dicho, a su debido tiempo y cuándo el sentido práctico lo haga necesario aunque nos suponga un trastorno temporal a quienes lo usamos. Sólo así se nos puede pedir paciencia. De otro modo, con arbitrariedad, nocturnidad e incoherencia, no, señores.
Si así insisten en hacer las cosas, nosotros...también insistiremos.