Aunque el edificio principal de la Universidad de Valladolid comenzó a construirse a finales del siglo XV, no fue hasta 1715 cuando los vallisoletanos comenzaron a presumir de su imponente fachada barroca, proyectada por el carmelita Fray Pedro de la Visitación y que tantas veces ha cruzado Juan Antonio Quintana. El actor y director reconoce que la entrada al edificio histórico de la Universidad, en la antigua plaza de Santa María, es uno de sus lugares preferidos, aunque también uno de los más emblemáticos entre la comunidad universitaria. «La razón es simple. En este edificio he pasado muchas horas enseñando el arte y el oficio del actor a los alumnos, y han sido horas muy fructíferas», afirma Quintana, convaleciente tras ser operado en Valladolid de la fractura de dos dedos por el doctor Martín Ferrero, lesión que se produjo al caerse antes del estreno de su nueva obra en Luxemburgo.
El actor y director, que el 23 de marzo subirá a escena en el Teatro Lara de Madrid Algo más inesperado que la muerte, confiesa que la de profesor fue «una de las facetas más importantes» de su vida. «Es un lugar de gratos recuerdos en el que amplié mucho mi visión del teatro», comenta mientras observa la fachada a los pies de uno de los míticos leones. Y es que, según cuenta la leyenda, el estudiante que desee acabar sus estudios universitarios debe evitar contar el número de leones que hay sobre las columnas (18), relacionados con San Mateo como símbolo de fortaleza, aunque la verdad es que la importancia atribuida a estos animales se remonta a la Edad Media, cuando estos felinos ataviados con cadenas simbolizaban el poder de los rectores de las primeras universidades sobre sus alumnos. Pero, a pesar de ritos y leyendas, Quintana señala que la fachada de la Universidad, y la plaza en general, es uno de los rincones más bellos que tiene la ciudad.
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