Potenciar la adquisición de una cultura científica entre las nuevas generaciones de ciudadanos. Carmen Lorenzo y el programa nacional impulsado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas bajo el epígrafe de ‘El CSIC en la escuela’ comparten idéntica inquietud: «Que los niños entiendan cómo funciona el mundo que les rodea».
¿Cuál es el punto de partida de esta iniciativa?
Los niños de Infantil lo resuelven todo con magia. Lo que intentamos es que sepan distinguir entre lo real y lo imaginario, que entiendan que aunque soñar e imaginar es muy divertido, siempre hay una explicación científica tras los que ellos atribuyen a los duendes. La frase clave que trabajamos en el aula es «no es magia, es ciencia».
¿Y qué propone el CSIC?
Que se empiece a trabajar con los escolares desde que tienen tres años y que los mismos experimentos en los que participan los mayores, se apliquen con ellos para que vayan familiarizándose con la terminología científica y el razonamiento lógico. En este sentido, colaboramos con el CSIC desde el curso pasado, aunque yo ya venía poniéndolo en práctica.
¿Motivada por qué?
Ya intuía que no había que esperar a otras etapas educativas. A esta edad los niños tienen un potencial enorme y nos confundimos al pensar que son tontitos, que hay que dárselo todo mascado y comido y que no pueden ir más allá de las cuatro estaciones. A través de la intuición, con estos pequeños hacemos la misma ciencia que hacían los griegos. Son capaces de pensar y preguntarse por qué y no hay que olvidar que gracias a las preguntas, no a las respuestas, ha avanzado el mundo.
¿Cómo traslada estos planteamientos al aula, al día a día?
Este curso nos hemos centrado en el magnetismo y lo trabajamos de forma experimental. Empezamos con la composición de la tierra, las rocas y su peso y entre ellas, le colamos una pieza de magnetita y les explicamos que existe en el mundo una piedra especial que tiene la capacidad de atraer a algunos metales. A partir de ahí, ellos mismos llegaron a la conclusión de que era un imán natural y les hemos ido poniendo en aprietos para que fueran descubriendo sus propiedades.
¿Y cala en ellos?
Se sabe que lo último que se olvida en esta vida es lo que se aprendió de pequeño. Vamos muy lentamente y aún no podemos saber si calará o no en ellos la cultura científica, pero ya emplean algunos conceptos específicos y, sobre todo, es gracias a la implicación de sus familias.