Inés González se despedirá en unos meses de la que ha sido su segunda casa durante los últimos 11 años. Como tantos otros compañeros, esta zamorana que ha dejado su impronta en varias generaciones de niños andaluces, alicantinos y castellanos, ha decidido acogerse a la jubilación anticipada articulada por la LOE.
¿Cómo ha cambiado el trabajo dentro del aula en sus 32 años de carrera?
Cuando empecé, teníamos cuarenta y pico alumnos en el aula y no pasaba nada, éramos capaces de mantener la disciplina en el aula sin problemas. Ahora, con muchos menos, es más complicado porque no siempre las familias respetan nuestro trabajo. Hace 32 años gozábamos de mayor reconocimiento social.Hemos ido de un extremo a otro, del autoritarismo a casi el libertinaje.
¿El vocacional es el componente que más pesa en esta profesión?
Si no tuviéramos vocación, nos derrumbaríamos. Ésta es una profesión gratificante, pero también muy dura. Hoy en día es muy difícil captar la atención de los niños porque tienen demasiados estímulos. Además, la dedicación de los padres es menor.
¿Y cómo es la relación con las familias?
En general, buena, aunque hay padres que no se dan cuenta de que su labor y la nuestra tiene que ser conjunta, tienen que complementarse. De lo contrario, es muy difícil enseñarles. Se nota mucho la diferencia de progreso con el alumnado cuyos padres colaboran para mejorar la conducta. Si no pueden con ellos con tres o cuatro años, como nos comentan a veces, ¿qué van a hacer cuando vayan cumpliendo años?
¿Cuál es entonces la clave para evitar esos posibles problemas de conducta?
Básicamente en establecer pautas, en enseñarles a ser desde muy pequeños autónomos y responsables, en no olvidar y saber ponerles límites.
Usted ha tenido la oportunidad de ejercer la profesión en Primaria y en Infantil. ¿Qué etapa educativa prefiere?
Me quedo con Infantil. A estas edades, los niños son más espontáneos y tienes el privilegio de observar diariamente todos los progresos que hacen. Cuando coges una promoción de tres años y los acompañas durante toda la etapa, al final siempre te terminan sorprendiendo los avances logrados. Ahora, eso sí, físicamente te dejan agotada (y se ríe). Por eso me jubilo.
¿Con qué sentimiento cerrará su trayectoria docente?
Me voy con la satisfacción de haber hecho lo que he podido por mis alumnos. Lo habré hecho mejor o peor, pero todo cuanto hice por ellos y con ellos, lo hice con mucha ilusión.
¿Algún resquicio para la pena?
Bueno, algo de pena sí que me da, pero creo que con 60 años y tantos dedicados a ellos ha llegado el momento de dedicarme algo de tiempo.