Compromiso y vocación se dan de la mano en Adolfo Román, con una larga trayectoria como docente en el medio rural y urbano y una dilatada experiencia como gestor en distintos cargos directivos. Su reto, como el de tantos otros compañeros, volver a interesar a las familias en «el proceso formativo-educativo».
¿Cuáles son los pilares del proyecto educativo del Gonzalo de Berceo?
Formar con principios y valores humanos, sociales, democráticos, políticos y éticos o religiosos. Una formación personal e integral en la que tenemos que contribuir todos: instituciones, centros educativos y familias.
En un año tan simbólico como éste, ¿qué retos se plantea el centro?
Proseguir con este proyecto, mantener la profesionalidad y voluntad formativa de los docentes y volver a implicar a las familias con las tutorías y encuentros como una de las herramientas principales.
¿Qué ha pasado para que el sector educativo de este toque general de atención?
El sistema educativo está ofreciendo con grandes esfuerzos medidas de servicio público que, en algunos casos, sustituyen las competencias familiares y cubren los vacíos de la conciliación. Habría que regresar al tiempo en el que las familias eran las veladoras de la educación de sus hijos. Nosotros sólo somos colaboradores, de primera fila, pero colaboradores.
Colaboradores en continuo reciclaje.
Así es, y es curioso que mientras observamos cómo el profesorado se va perfeccionando en su formación, lo que repercute positivamente en el proyecto educativo de los centros, en paralelo las familias van delegando competencias. Y matizo que delegando, no abandonando. De las 8.000 horas que tiene un año, los niños sólo están en el sistema educativo un 15% del tiempo. El otro 85% está en el entorno familiar y social, y es ahí donde se tiene que desarrollar y afianzar su educación en valores.
¿A qué obedece ese paso atrás?
A los cambios sociales que ha experimentado la escala de valores. Cambios que son los únicos que pueden explicar por qué, a pesar de nuestra vocación y esfuerzo, hemos llegado además a un punto de degradación de la labor social del profesorado. Pero ojo, de la misma manera se ha degradado también la función educativa de las propias familias. La educación en mayúsculas está en un punto muy bajo de la escala de valores.
Sin embargo, en tiempos de crisis, es un referente a tener en cuenta.
La educación debería ser, efectivamente, una de las claves como fuente de riqueza humana. Si se a une a un momento de crisis un buen proyecto y un buen concepto educativo, se tendrán más posibilidades de ser solventado. Es necesario tener referentes positivos.