Vuelve el paréntesis ciudadano. Valladolid se adentra en sus fiestas patronales, donde el alcalde multiplica su agenda hasta el punto de que intenta participar de todo el programa. Un contenido en el que reconoce es difícil de introducir novedades ante lo consolidado que está y la alta participación que registran cada uno de los actos. Disfruta por las mañanas en su despacho y por la tarde en las calles.
Las fiestas servirán para disipar la nube de la crisis... ¿Cómo se presentan las de este año?
Me conformo con que durante diez jornadas tanto los vallisoletanos como los visitantes hagan un paréntesis en sus preocupaciones, intenten distraerse con las actividades programadas y pasen unos ratos agradables, como en años anteriores. Por desgracia, la situación es tan terriblemente delicada que ni las mejores fiestas posibles podrán disipar los nubarrones de la recesión, y vienen meses muy complicados.
¿Cree usted que la crisis es sinónimo de participación ante el destacado número de actividades gratuitas que se desarrollan?
La inmensa mayoría de los espectáculos y actividades tienen lugar en espacios públicos, en la propia calle, y por tanto son gratuitos. Es un rasgo característico de las fiestas de nuestra ciudad, que favorece lógicamente la participación del público. No podemos olvidar las nefastas consecuencias de la crisis en muchas familias que lo están pasando realmente mal, por eso procuramos que puedan acceder, durante estas fechas, a una oferta de ocio gratuita. Disfrutar de las actividades no debe significar siempre un desembolso económico.
¿Cómo define el programa? ¿De continuidad o continuista?
Continúa en la línea de ediciones anteriores, porque es muy difícil introducir grandes cambios o novedades de golpe. Las fiestas de Valladolid, con el adelanto de fechas desde el año 2000, han experimentado una evolución muy positiva que satisface a todos, hemos creado un ‘modelo’ que gusta a la gente, lejos de aquellas ferias de color gris, y apostamos por él con ligeras innovaciones.
¿Y las novedades principales?
Son dos, fundamentalmente. El espectáculo multimedia previsto para el segundo fin de semana de ferias, que servirá como puesta en marcha del alumbrado de la soberbia fachada de San Pablo tras su restauración y utilizará las más modernas tecnologías disponibles, y el espectáculo gótico que tendrá lugar durante la ‘Partydance’, dentro de la reorientación que se pretende dar a este acontecimiento, visto en la calle por decenas de miles de personas.
Pese a ello, destaca sobremanera la caída a la mitad del dinero aportado por la iniciativa privada, por los patrocinadores. ¿Ha habido que poner más ingenio que nunca en este programa?
Efectivamente. Y eso supone un ejercicio de responsabilidad, de mesura y de rigor por parte de los gestores públicos. A veces hay que hacer un verdadero encaje de bolillos para mantener el nivel de las actuaciones, el número de escenarios, la variedad de los espectáculos, etc., porque al celebrarse un año tras otro resulta muy difícil eliminar algo del programa. Tengo que reconocer el enorme esfuerzo que se ha hecho desde la Concejalía de Cultura, Comercio y Turismo.
¿Desde su equipo siguen apostando por estas fiestas como referente turístico de Valladolid?
El programa se perfila pensando sobre todo en el interés general, tratando de llegar a un público amplio con una oferta variada, sugestiva y siempre con algunas novedades. A partir de ahí, lo disfrutan los vallisoletanos, pero también nos consta que vienen miles de personas de otras provincias a pasar unas jornadas en la ciudad, a escuchar los conciertos, a sumergirse en ese ambiente tan agradable que se vive en la calle… Nuestras fiestas no tienen la arraigada personalidad de las Fallas, la Feria de Abril o los Sanfermines, pero poco a poco van abriéndose un hueco en el panorama nacional, y ya tienen incluso sus incondicionales.
Hace muchos años que no elegía a una mujer... ¿Por qué?
No me planteo al elegir al pregonero si es hombre o mujer, la verdad. Me fijo en su vinculación con la ciudad, en cómo ha difundido su nombre, en sus méritos profesionales, en el tirón que pueda tener… Creo que son los criterios lógicos al hacer una elección de este tipo, y Laura López los reúne, a pesar de su juventud.
Desde ese día, el día del pregón, ¿cómo es la agenda del alcalde durante esta semana?
Bastante intensa y apretada, especialmente durante los primeros días de fiestas, en los que se suceden las visitas institucionales e inauguraciones (Feria de Día, Gastronómica, de Muestras, Artesanía…). Además de la actividad oficial, procuro disfrutar de las celebraciones que más me gustan como un ciudadano más, con su familia y amigos, pero siempre pendiente de cualquier problema que pueda surgir en concentraciones multitudinarias de gente.
Ha habido algún tira y afloja con alguna parte implicada en el desarrollo de los actos... Se lo pregunto porque las peñas vuelven a quejarse de que les dejan instalar pocas charangas y verbenas...
En Valladolid, el fenómeno de las peñas es muy reciente, de unos años para acá, y vinculado mayoritariamente a bares. En otras capitales y localidades representan el medio más adecuado para adentrarse en las fiestas y disfrutar del ambiente, pero aquí carecen de esa tradición. Entiendo que tienen su papel en estos días, el Ayuntamiento de Valladolid colabora con ellos y son una parte más de las fiestas, no la esencia de las fiestas.
¿Qué es lo que más vive de las fiestas?
Los conciertos de la Plaza Mayor, con artistas de primer nivel; la Feria de Día; la Gastronómica… y, por supuesto, los toros. Soy aficionado desde joven, aunque a veces supone un esfuerzo y hay que tener paciencia para soportar un festejo aburrido. Pero, en fin, prevalece la ilusión por contemplar esa faena, ese pase o ese detalle torero que te quede grabado.
¿La Feria de Día necesita mejorar o progresa adecuadamente?
Está a punto de cumplir diez años de vida, se ha perfeccionado hasta ser copiada en otras ciudades y se ha convertido, sin duda, en una parte fundamental de las fiestas de la ciudad, casi en una seña de identidad. La profesionalidad de los hosteleros y la colaboración municipal han permitido llegar hasta aquí, con una gran aceptación popular. Puede valorarse la conveniencia de introducir alguna innovación, pero el esquema, en general, se halla bien planteado.
¿Y el cartel taurino...?
Sobresale la terna del miércoles, día 9, aunque también pesa la ausencia de José Tomás, que sí ha toreado en las ferias de capitales próximas más pequeñas que Valladolid. Tengo la impresión de que, aún habiendo combinaciones atractivas, estuvieron mejor rematados los carteles de 2008, una cuestión que depende en exclusiva de la empresa gestora de la plaza de toros, no del Ayuntamiento.
Su mensaje a los vallisoletanos...
Que el espíritu festivo y las ganas de disfrutar nos acompañen en estos días, para salir de lo cotidiano, sin desmanes ni excesos. Que tengamos paciencia, calma y cierta tolerancia ante las molestias que originan n actividades donde se congregan miles de personas. Por fortuna, año tras año comprobamos el civismo de los vallisoletanos, pues apenas se registran incidentes, y eso proporciona tranquilidad.